Las anteriores palabras alertan sobre los retos de una educación formal cuya finalidad sea el desarrollo de la autonomía frente al uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, en un mundo alienado, sistematizado, digitalizado, donde las sociedades del conocimiento exigen el domino de competencias tecnológicas.
Por lo tanto, el sistema educativo debe ser y estar a la altura del reto que implica el uso de estas tecnologías, las cuales pueden convertir al ser humano en un autómata, en un hombre-masa, o aislarlo en un mundo virtual en el que la interacción se reduce a un simple click donde manifiesto si algún texto me gusta o no me gusta sin criterios reflexivos ni críticos. Para ello es indispensable que los docentes hagamos un viraje de ciento ochenta grados en las prácticas pedagógicas, puesto que el nuevo siglo demanda el dominio de la Internet.
Hablamos de aplicativos digitales que se puedan trabajar desde la didáctica específica de cada disciplina o de las redes sociales y todo el contenido multimediático al servicio del proceso de enseñanza y aprendizaje. Por ejemplo el uso de tablets, con lo cual se genera mayor motivación en los estudiantes, menor deserción escolar, se democratiza y facilita el acceso al conocimiento en lugares remotos, se reducen los tiempos de desplazamiento de los docentes si tenemos en cuenta que existen medios como la llamada E-learning o B-learning, el chat, los foros virtuales, las plataformas educativas como Moodle, el correo electrónico para hacer más efectiva la comunicación.
En este sentido, la educación tradicional o del siglo pasado no es pertinente ni desarrolla una excelencia académica. Nuestro reto es ayudar a los estudiantes a llenar sus mundos de sentido desde el pensamiento crítico reflexivo, el desarrollo de sus competencias de lenguaje y matemáticas y no sólo de estos conocimientos y habilidades, sino desde una actitud positiva y propositiva frente a la vida y con valores humanos como el amor, la amistad, la solidaridad, la sinceridad, el respeto por el otro, por la naturaleza, las fuentes hídricas, los animales, la vida misma.
Por último, creo que es muy pertinente decir que, "un mundo mejor es posible", un mundo donde los estudiantes sean verdaderos seres humanos y no máquinas o engranajes de un sistema econónimo-político, donde se expresen con respeto por la diversidad, con tolerancia y argumentos, no con violencia como única retórica, con creatividad, usando su imaginación para resolver los problemas prácticos de la vida, para alimentar su espíritu con las artes y donde la ciencia y la tecnología se utilicen con un criterio ético y moral, sin pensar que lo único relevante es el lucro personal, reduciendo al hombre a un medio para alcanzar un fin., es decir, desde un enfoque humanista y constructivista donde el error sea una oportunidad para mejorar cada vez y el hombre o el ser humano el protagonista de su propia educación.

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